"No a los 10 millones de habitantes": Suiza, el primer país del mundo que se plantea poner un límite a su población

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- Autor, Imogen Foulkes
- Informa desde, Berna, Suiza
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 6 min
¿Puede un país fijar un límite a su población? Esa es la pregunta que Suiza deberá responder este domingo, cuando los votantes acudan a las urnas para decidir sobre una propuesta que limita su población a 10 millones.
La medida cuenta con el respaldo del Partido Popular Suizo, de derecha, que la describe como una "iniciativa de sostenibilidad" destinada a aliviar la presión sobre la vivienda, los servicios públicos y el medio ambiente.
Los opositores -entre los que se incluyen el gobierno suizo, todos los demás partidos principales, empresarios y sindicatos suizos- calificaron la propuesta de "iniciativa del caos", argumentando que privará a hospitales y hoteles del personal que tanto necesitan y dañará las relaciones, tan difíciles de lograr, con la Unión Europea, dejando a Suiza, país no miembro de la UE, aislada en un mundo muy incierto.
La población de Suiza ha crecido rápidamente en las últimas dos décadas, pasando de 7,3 millones en 2002 a 9,1 millones en la actualidad, de los cuales el 27% son residentes extranjeros.
Muchos votantes están preocupados por las aglomeraciones en los trenes, los altos precios de los departamentos y el aumento de los costos sanitarios. Las encuestas de opinión sugieren que la votación podría ser muy reñida.
Helin Genis y Nils Fiechter tienen mucho en común, pero sus posturas diametralmente opuestas sobre la limitación de la población suiza reflejan la polarización de este referéndum.
Ambos son políticos locales jóvenes de familias inmigrantes: Nils tiene 29 años y Helin 31. Los padres de Helin son originarios de Turquía, la madre de Nils es canadiense y él tiene doble nacionalidad.
"Hemos perdido el control", se lamenta Nils, representante del cantón de Berna en el parlamento. "La inmigración descontrolada está provocando que Suiza deje de ser Suiza".
Los problemas de Suiza —escasez de vivienda, congestiones de tráfico, escuelas sobrecargadas y servicios sociales saturados—, según él, son consecuencia directa de la inmigración.
Helin, socialdemócrata elegida concejala de Berna, descarta estos argumentos como una búsqueda de chivos expiatorios.
"No son los inmigrantes quienes determinan los precios de los alquileres. No son los inmigrantes quienes suben las primas de los seguros de salud. Tampoco son los inmigrantes quienes toman las decisiones políticas sobre vivienda, infraestructura o inversión social", le dijo a la BBC.
"Ver los problemas desde la perspectiva de la migración no lleva a soluciones, sino a la división", añadió.

Para los votantes indecisos, una pregunta clave es cómo funcionaría exactamente un límite de población.
Imponer un límite estricto al número de residentes es una medida que ningún otro país ha intentado, aunque China, con su ahora abandonada política del hijo único, sí intentó frenar el crecimiento demográfico.
La propuesta suiza establece que la población no debe superar los 10 millones antes de 2050 y ordena al gobierno que tome medidas una vez que se alcance la cifra de 9,5 millones.
Estos planes podrían incluir limitar el número de solicitantes de asilo y poner fin al derecho de reagrupación familiar para los trabajadores extranjeros en Suiza.
La delgada línea roja con la UE
Si se alcanza el límite de 10 millones, los acuerdos internacionales que Suiza ha firmado, incluida la libre circulación de personas de la UE, tendrían que rescindirse.
Esta perspectiva ha causado alarma en la asociación empresarial suiza, Economiesuisse.
Si se aprueba la moción, "podríamos enfrentar dificultades en nuestras relaciones con la Unión Europea", advierte el economista jefe de la asociación, Rudolf Minsch.
Esto se debe a que Bruselas lleva tiempo advirtiendo a los países no miembros de la UE que no pueden simplemente seleccionar las ventajas del mercado único de la UE y eludir compromisos como la libre circulación de personas.
"La UE sigue siendo, con diferencia, el socio comercial más importante para Suiza", explica Minsch, "por ello nos interesa mantener relaciones estables y claras con nuestro principal socio comercial".

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Los empresarios suizos también están preocupados por la escasez de mano de obra y la pérdida de acceso a una reserva de trabajadores cualificados a nivel europeo.
La mitad de los empleados de los hoteles suizos son inmigrantes. Los hospitales y las residencias de ancianos también dependen de trabajadores extranjeros.
El Partido Popular Suizo argumenta que la inmigración a Suiza simplemente está alimentando una demanda cada vez mayor de camas hospitalarias y plazas escolares, y que limitar la inmigración aliviaría esta presión.
Los opositores afirman que esto no es realista, señalando que el 20% de la población suiza tiene más de 65 años.
Se necesitan trabajadores jóvenes, y contribuyentes jóvenes, para cubrir las necesidades de una población que envejece, y Suiza no está creando esos jóvenes trabajadores por sí misma, advierten.
El factor geopolítico

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Para Jon Pult, diputado socialdemócrata, su mayor temor ante un límite de población es quedarse "solo en este mundo inestable y peligroso".
Suiza, al igual que sus vecinos europeos, está aumentando su gasto en defensa y, a pesar de su neutralidad, planea estrechar sus lazos de defensa con ellos.
Se ha visto afectada por el aumento de los precios del combustible debido a la invasión rusa de Ucrania y al conflicto en Irán. Además, sus productos se han visto perjudicados por los punitivos aranceles estadounidenses.
Suiza podría poner en peligro sus tratados con la UE y, posiblemente, perder la buena voluntad de Bruselas, advierte Pult.
Nils Fiechter descarta esta preocupación como alarmismo: "Estoy seguro de que la UE no permitirá que esto suceda", afirma, argumentando que los acuerdos con Suiza "redundan exclusivamente en beneficio de la propia UE".
Sin embargo, el temor al aislamiento podría ser un factor decisivo para algunos votantes.
Los suizos se horrorizaron cuando Washington impuso aranceles del 39% a los productos suizos, y aún no se ha concretado un acuerdo para reducirlos al 15%.
Ahora, carteles que instan a los votantes a rechazar el límite de población muestran al presidente estadounidense Donald Trump con una mirada burlona, con los perfiles sombríos de Vladimir Putin de Rusia y Xi Jinping de China detrás.
"¿Romper con Europa, en un momento como este?", pregunta el titular.
Las últimas encuestas de opinión muestran que los votantes se inclinan por el "no" por un margen mínimo, del 52% frente al 45%, con opiniones aún muy divididas.
Nils Fiechter insiste en que limitar la población se trata de proteger un estilo de vida. "Cualquiera que ame Suiza, sea o no inmigrante, quiere que siga siendo un lugar donde valga la pena vivir, seguro y próspero. De eso se trata precisamente esta iniciativa".
Pero Helin Genis no ve nada positivo en ello.
"La cuestión clave no es cómo excluir a la gente, sino cómo crear suficientes viviendas asequibles, garantizar buenas condiciones laborales e invertir en un servicio público sólido. Por eso estoy convencida de que esta iniciativa perjudica más que beneficia a Suiza".

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