Especial BBC: los niños invisibles nacidos de crímenes de guerra

Una ilustración que muestra a un niño sentado en el suelo, al aire libre, con una camiseta azul y roja y extendiendo la mano.
Pie de foto, Si una madre no puede proporcionar el nombre del padre de su hijo, a menudo no puede obtener un certificado de nacimiento.
    • Autor, Ethar Shalaby
    • Título del autor, BBC News
    • Autor, Patricia Whitehorne
    • Título del autor, BBC News
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 6 min

Advertencia: Esta historia contiene detalles que algunas personas pueden encontrar perturbadores.

Una joven sudanesa de 17 años sostiene a un niño pequeño en sus brazos con una serenidad que contrasta con su juventud y con las preocupaciones que tiene sobre su futuro.

"Este hijo mío no tiene padre, no tiene certificado de nacimiento ni número nacional de identificación", cuenta Amira (nombre ficticio utilizado para proteger su identidad), en una entrevista con la BBC.

Mirando a su pequeño, habla lentamente, como si todavía estuviera tratando de asimilar todo lo que le ha sucedido desde que estalló la guerra civil en Sudán.

Ella y su familia vivían en los barrios orientales de El Fasher, una ciudad que quedó sitiada por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés), el grupo paramilitar que mantiene una brutal lucha por el poder con el ejército desde abril de 2023.

El Fasher fue el último bastión del ejército en la región occidental de Darfur hasta que cayó en manos de las RSF y de milicias árabes aliadas, tras 18 meses de enfrentamientos, en octubre del año pasado.

Para las decenas de miles de civiles atrapados dentro de la ciudad, aquello fue una pesadilla: bombardeos constantes, combates y el sufrimiento provocado por la escasez de alimentos.

Finalmente, Amira y su familia decidieron huir a principios de 2025, desesperados por encontrar un lugar más seguro.

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Sin embargo, mientras escapaban por una carretera en el suroeste de la ciudad, ella asegura que fue secuestrada por tres hombres armados pertenecientes a las RSF que la mantuvieron cautiva.

"Me vendaron los ojos y me llevaron a la zona de Tabit, al sur de El Fasher. Me encerraron en una habitación durante dos meses y, cada día, uno de ellos me violaba por turnos", relata en voz baja.

Tras semanas de cautiverio, descubrió que estaba embarazada y comenzó a sufrir graves problemas de salud.

Amira explica que, cuando los hombres decidieron deshacerse de ella, la abandonaron cerca del lugar donde había sido capturada.

Gracias a la ayuda de otras personas que también huían de El Fasher, pudo ser trasladada para recibir atención médica.

Meses después, en un centro humanitario que no estaba bajo control de las RSF, dio a luz en un hospital gestionado por la organización International Medical Corps.

Allí recibió apoyo de una organización humanitaria sudanesa: la Fundación Nada al Azhar para la Prevención de Desastres y el Desarrollo Sostenible (Nada).

La organización también logró localizar a su familia, que había conseguido llegar a un campamento donde cientos de miles de personas desplazadas de El Fasher habían buscado refugio.

Lucha por el reconocimiento

El reencuentro supuso un enorme alivio para todos, pero la familia sigue enfrentándose a importantes dificultades.

Una de ellas es que, ocho meses después del nacimiento, Amira todavía no ha podido registrar oficialmente a su hijo.

"Incluso obtener una notificación de nacimiento del hospital requiere información que no existe", explica Amira, señalando que no puede proporcionar ningún dato sobre el padre del niño.

Sin esa información, no puede tramitar ningún reconocimiento oficial de la identidad legal de su bebé.

"No puedo vacunarlo ni inscribirlo en una guardería o en la escuela", señala.

"Me preocupa su futuro porque no está registrado de ninguna manera. Mi situación económica es muy difícil y no puedo costear su tratamiento ni sus cuidados. Tampoco puedo ir a trabajar por miedo a volver a sufrir violencia".

Según la organización Nada, la historia de Amira no es un caso aislado, sino parte de una realidad que se repite en las zonas afectadas por el conflicto en todo Sudán.

Ilustración que muestra a personas huyendo de una zona incendiada a lo largo de una carretera, en la que se puede ver una camioneta con hombres armados
Pie de foto, El Fasher y sus alrededores estuvieron bajo asedio durante 18 meses, y miles de personas huyeron de la zona a pie.

Esto se debe a que muchos niños están naciendo en circunstancias complejas, a menudo sin que se conozca la identidad del padre, lo que impide registrar oficialmente su nacimiento, explica Abu Bakr Yousif Yaqoub, director de programas de protección de la organización Nada.

"Para registrar a un niño se requiere información de identidad, un número nacional y un certificado de nacimiento. Pero cuando el padre está ausente o se desconoce quién es, el proceso se vuelve extremadamente difícil", le dice a la BBC desde El Fasher.

De acuerdo a Yousif Yaqoub, en muchos casos la madre suele estar sola y, en ocasiones, ella misma sigue siendo una menor de edad que necesita cuidados, lo que limita su capacidad para atender a su bebé.

"También existen problemas de salud relacionados con la falta de seguimiento de las vacunas esenciales, que comienzan a administrarse al nacer y continúan durante los primeros años de vida del niño", explica.

Él también advierte que esta situación no solo afecta los primeros años de vida del menor, sino que repercute en su futuro, dificultando su acceso a la educación y, en la edad adulta, la posibilidad de viajar u obtener documentos oficiales.

Sin un número oficial

No es fácil obtener datos sobre el número de niños nacidos como consecuencia de violaciones en Sudán.

Según Shaza Ahmed, directora general de Nada, esto se debe al estigma social, ya que las cifras reales no quedan registradas.

"Las mujeres que sufren este tipo de agresiones no se sienten cómodas denunciándolas", le explica a la BBC desde Puerto Sudán, una ciudad del este del país bajo control del ejército.

"Lamentablemente, la mayoría de las madres de estos niños son también menores de edad, niñas de menos de 18 años. Por ello, no pueden decidir por sí solas acudir oficialmente a los tribunales o a la policía, ya que necesitan que un tutor las acompañe".

Ahmed señala que el 90% de los casos documentados por su organización implican familias que se niegan a permitir una denuncia oficial de las agresiones sexuales que dieron lugar al embarazo.

"Como mujer sudanesa, mi mayor temor y preocupación por los niños nacidos como resultado de una violación es que estamos ante toda una generación que vivirá bajo el estigma, el peligro y el miedo", lamenta Ahmed.

"Estos niños no recibirán respeto por parte de la sociedad, su bienestar no estará realmente protegido y, sobre todo, no tendrán acceso a servicios ni a sus derechos."

Para Ahmed, estos menores no están siendo tratados como si fueran "seres humanos plenos", aunque la legislación sudanesa reconoce el derecho de todos los niños a obtener una identidad legal.

La abogada sudanesa Majida Idris explica que la Ley de la Infancia de 2010 permite registrar a los niños nacidos fuera del matrimonio.

Una ilustración que muestra a una mujer con un pañuelo y una túnica azules sosteniendo a un bebé varón.
Pie de foto, Amira y su hijo permanecen en un limbo administrativo.

Sin embargo, el procedimiento depende de que la madre esté dispuesta a denunciar oficialmente la agresión sufrida, ya que esa denuncia es el paso que inicia el proceso de registro.

Una vez presentada, el caso se remite a los servicios sociales para su documentación.

Posteriormente, se envía al registro civil, donde el niño es inscrito con el apellido de la madre y se le asigna un nombre legal completo de acuerdo con los procedimientos establecidos.

Sin embargo, Idris afirma que la realidad en tiempos de guerra es completamente distinta, especialmente en Darfur, donde el conflicto en curso ha provocado el colapso de los servicios públicos y el cierre de las oficinas del registro civil, dejando a miles de niños sin registrar.

"La ausencia de documentación no significa únicamente la falta de un papel; significa privar al niño del acceso a la educación, a la atención sanitaria y al reconocimiento legal", le explica a la BBC.

La abogada sostiene que es imprescindible reactivar las oficinas del registro civil en las zonas accesibles e intensificar los esfuerzos legales para garantizar que los menores puedan ejercer su derecho a la identidad y al reconocimiento jurídico.

Amira y su hijo continúan viviendo en Darfur y, por tanto, permanecen en una especie de limbo administrativo.

Su madre reconoce que la falta de documentación oficial para su nieto es motivo de preocupación.

Sin embargo, por el momento, la familia se siente profundamente agradecida por haber logrado reencontrarse.

Amira también ha recibido de la organización Nada apoyo emocional y psicológico, además de orientación y asesoramiento, algo que ha supuesto un gran alivio para toda la familia.

"Estaba extremadamente preocupada hasta que la encontré. No podía comer ni beber", le contó la madre de Amira a la BBC.

"El reencuentro fue como un milagro de Dios. Ver de nuevo a nuestra hija sentada entre nosotros es un regalo y una bendición por los que nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos".

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