Qué es la ceguera por falta de atención o por qué a veces eres incapaz de ver algo que está frente a tus ojos

Fuente de la imagen, Getty Images
- Autor, Michelle Spear
- Título del autor, The Conversation*
- Tiempo de lectura: 6 min
Muchos hogares reconocerán este intercambio tan común. Una persona insiste en que un objeto simplemente no está allí: imposible de encontrar a pesar de lo que describe como una búsqueda minuciosa y muy eficaz. Otra entra, echa un vistazo rápido al mismo lugar y lo señala casi de inmediato.
"¡Está justo delante de tus ojos!".
Esta situación frustrante (para ambos) refleja algo fundamental sobre el funcionamiento del cerebro. Encontrar objetos en entornos cotidianos depende de un proceso llamado búsqueda visual, y nuestro cerebro es sorprendentemente imperfecto en ello.
Incluso cuando algo está directamente frente a nosotros, el cerebro puede no registrar su presencia. En otras palabras, miramos sin ver.
A primera vista, buscar algo parece sencillo. Recorremos con la mirada una superficie —la encimera de la cocina, el escritorio, el cajón de "todo"— hasta que aparece el objeto que falta.
Pero el cerebro no puede analizar todos los objetos de una escena simultáneamente. En cambio, se basa en la atención, seleccionando ciertas características y filtrando el resto.
Los psicólogos suelen describir la atención como una especie de foco que recorre el campo visual. Dondequiera que se proyecte ese foco de atención, la información se procesa al detalle. Todo lo que queda fuera de él recibe mucha menos atención.
Existe una razón anatómica práctica por la que el cerebro debe cambiar constantemente la mirada. El centro de la retina —la fóvea— nos proporciona la visión más nítida. Sin embargo, solo abarca una pequeña parte del campo visual, aproximadamente del tamaño de la uña del pulgar visto a la distancia con el brazo extendido.
Para observar una escena correctamente, nuestros ojos deben moverse repetidamente para que diferentes partes del entorno se proyecten en esta pequeña área de alta resolución.

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Estos movimientos se denominan "sacadas" y ocurren constantemente. Incluso cuando creemos estar mirando fijamente algo, nuestros ojos se mueven silenciosamente de un punto a otro.
En la mayoría de los casos, este sistema funciona extraordinariamente bien. Nos permite orientarnos en entornos visualmente complejos sin sentirnos abrumados por la información.
Mirar sin ver
Resulta que ver no se trata solo de lo que llega a los ojos, sino también de lo que el cerebro espera encontrar. Este fenómeno se conoce como ceguera por falta de atención.
Una de las demostraciones más famosas consiste en un video donde los participantes observan a un grupo de personas pasándose una pelota de baloncesto y se les pide que cuenten el número de pases. Mientras los espectadores se concentran en la tarea, una persona disfrazada de gorila camina tranquilamente por la escena.
Aproximadamente la mitad de los espectadores ni siquiera se dan cuenta del gorila.
El gorila no está oculto; camina directamente por el centro de la pantalla. Pero el cerebro, concentrado en contar los pases, simplemente no lo registra.
Si alguna vez has buscado tus llaves en la encimera de la cocina y alguien las ha cogido al instante, has experimentado el mismo fenómeno.

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Una vez que la información visual llega al cerebro, se procesa a través de diferentes vías. Una de ellas, a menudo llamada vía dorsal, se dirige hacia el lóbulo parietal, un área que desempeña un papel crucial en la percepción espacial y la dirección de la atención.
Esto ayuda al cerebro a determinar la ubicación de los objetos en el espacio. Este sistema es fundamental para guiar la atención durante la búsqueda visual.
¿Buscan hombres y mujeres de forma diferente?
Al describir esta situación cotidiana, evité recurrir a un estereotipo en particular: aquel en el que mi marido no encuentra el objeto que tiene justo delante.
Estudios sobre tareas de búsqueda visual han encontrado pequeñas diferencias en la forma en que hombres y mujeres exploran escenas complejas.
En promedio, las mujeres tienden a tener un rendimiento ligeramente mejor al localizar objetos en entornos desordenados, mientras que los hombres suelen tener un mejor desempeño en tareas que implican navegación espacial a gran escala o rotación mental de objetos en tres dimensiones.

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Las razones de esto aún se debaten, pero parte de la respuesta podría residir en cómo movemos los ojos al buscar.
La búsqueda visual se basa en el desplazamiento de la mirada de un punto a otro: las llamadas "sacadas". Los estudios de seguimiento ocular muestran que algunas personas tienden a explorar una escena metódicamente, moviendo la mirada de forma más sistemática. Otras realizan movimientos oculares más amplios a través del campo visual.
Una exploración sistemática tiene más probabilidades de abarcar toda una superficie desordenada, aumentando las posibilidades de detectar algo pequeño, como un par de llaves o unas tijeras de cocina difíciles de encontrar. Los movimientos oculares más amplios, por el contrario, pueden omitir áreas por completo, dejando un objeto a la vista pero sin que llegue a captar la atención del cerebro.
Algunos psicólogos evolucionistas han sugerido que estas tendencias podrían tener profundas raíces históricas en las sociedades de cazadores-recolectores. Sin embargo, la evidencia al respecto es limitada. La experiencia, la familiaridad con el entorno y las simples diferencias en la atención probablemente influyen mucho más que el género por sí solo.
En definitiva, la búsqueda visual se parece menos a escanear una fotografía y más a ejecutar un algoritmo de predicción. El cerebro constantemente adivina dónde es probable que se encuentre algo y dirige la atención en consecuencia.
La mayoría de las veces, estas predicciones son correctas. En ocasiones, no lo son, y un objeto que está a la vista no coincide con las expectativas del cerebro.
Esto significa que la próxima vez que alguien insista en que ha buscado por todas partes, es muy posible que esté diciendo la verdad. Simplemente no ha buscado de la manera correcta.
*Michelle Spear es profesora de Anatomía de la Universidad de Bristol, Reino Unido. *Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí si quieres leer la versión original en inglés.

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