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Sanae Takaichi, la primera ministra de Japón que dejó atrás la política pacifista de su país y le plantó cara a China
- Autor, Atahualpa Amerise
- Título del autor, BBC News Mundo
- Tiempo de lectura: 9 min
Sanae Takaichi ha impulsado un giro histórico en la política de defensa de Japón.
La primera ministra acaba de flexibilizar las restricciones a la exportación de armas japonesas, lo que supone una ruptura con décadas de pacifismo tras la Segunda Guerra Mundial.
Ahora Japón podrá vender armamento letal en 5 categorías (rescate, transporte, alerta, vigilancia y desminado) a países con los que mantiene acuerdos de defensa, un cambio que la primera ministra atribuye al deterioro de la seguridad regional en un ambiente de tensiones con China, Rusia y Corea del Norte.
China, que ha protestado airadamente, acusa a Japón de abandonar el pacifismo y avanzar hacia una "militarización imprudente".
Desde su llegada al poder en octubre de 2025, Takaichi ha adoptado una postura más firme frente a Pekín: ha respaldado públicamente la posibilidad de responder con las Fuerzas de Autodefensa ante un eventual ataque chino a Taiwán y ha reforzado la cooperación militar con Estados Unidos y los aliados regionales de su país.
Esto ha abierto uno de los episodios de mayor tensión con China en años al profundizar el giro iniciado durante el gobierno del conservador Shinzo Abe (2012-20), cuando Japón comenzó a reinterpretar su Constitución pacifista para ampliar su papel militar en el exterior.
Abe, asesinado en 2022, fue el mentor y referente político de Sanae Takaichi, una primera ministra fuera de lo común, y no solo por enfrentarse a China o ser la primera mujer en el cargo de la historia de Japón.
Fan declarada del heavy metal, exbaterista y admiradora de Margaret Thatcher, la mandataria de 65 años se desmarca de los estándares tradicionales del liderazgo en Tokio.
"La mujer más poderosa del mundo"
Takaichi se convirtió en primera ministra el año pasado tras ganar la carrera por el liderazgo del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD), en un sistema en el que la Dieta Nacional (Parlamento) elige al jefe de gobierno y el líder de la formación mayoritaria suele acceder al cargo.
Meses después, en febrero de 2026, consolidó su posición al imponerse en unas elecciones anticipadas y ser ratificada de nuevo como jefa de gobierno por los legisladores.
Fue entonces cuando la prestigiosa revista británica The Economist la describió como "la mujer más poderosa del mundo".
Adscrita al ala más conservadora del PLD, es conocida por sus posiciones conservadoras en inmigración, seguridad nacional, valores tradicionales y políticas de género.
Takaichi llegó al poder en un momento complejo para Japón, con una economía estancada, una tasa de natalidad en mínimos históricos y un entorno geopolítico cada vez más tenso en Asia oriental.
Su partido, además, atravesaba un periodo de desgaste político tras varios escándalos y ante la competencia de nuevas fuerzas políticas conservadoras.
Del heavy metal a la política
Takaichi nació en 1961 en Yamatokoriyama, una pequeña ciudad de la prefectura de Nara unos 400 kilómetros al suroeste de Tokio, en el seno de una familia de clase media -su padre trabajaba como empleado de oficina y su madre era policía- sin vínculos directos con la política.
Uno de los datos más curiosos sobre su juventud es que tocó la batería en una banda de heavy metal con la que, según contó ella misma, solía llevar muchas baquetas a los conciertos porque las rompía en los momentos más intensos.
Confesó que sigue siendo admiradora de grupos como Iron Maiden y Deep Purple, y conserva una batería eléctrica en su casa.
También fue aficionada al buceo y a los coches deportivos: su Toyota Supra llegó a convertirse en una pieza de museo en Nara.
Antes de entrar en la política, también trabajó brevemente como presentadora de televisión.
Su interés por la política surgió en los años ochenta, durante el periodo de tensiones comerciales entre Japón y Estados Unidos.
Con la intención de entender mejor cómo veían los estadounidenses a Japón, trabajó en la oficina de la congresista demócrata Patricia Schroeder, conocida por sus críticas a la economía japonesa.
Allí observó cómo en Estados Unidos se confundían con frecuencia las culturas japonesa, china y coreana.
"Si Japón no puede defenderse a sí mismo, su destino siempre estará a merced de la superficial opinión estadounidense", concluyó entonces.
Su carrera política
Takaichi se presentó por primera vez a unas elecciones parlamentarias como candidata independiente en 1992, pero perdió.
Tras la derrota, lo volvió a intentar al año siguiente y ganó su escaño.
En 1996 se unió al Partido Liberal Democrático. Desde entonces ha sido elegida diputada diez veces, perdiendo solo una elección, y se consolidó como una de las voces más conservadoras dentro del partido.
Durante su carrera ocupó varios cargos ministeriales, entre ellos los de ministra de Seguridad Económica, viceministra de Comercio e Industria, y ministra de Asuntos Internos y Comunicaciones.
En 2021 participó por primera vez en la carrera por el liderazgo del PLD, pero perdió frente a Fumio Kishida.
Lo intentó de nuevo en 2024, cuando encabezó la primera ronda de votación, pero fue derrotada por Shigeru Ishiba.
En su tercer intento, en 2025, logró finalmente imponerse y se convirtió en la primera mujer en dirigir el gobierno japonés.
Durante la campaña llegó a decir a un grupo de estudiantes: "Mi objetivo es convertirme en la Dama de Hierro".
Con ello hacía referencia a Margaret Thatcher, la primera mujer que gobernó Reino Unido y a quien Takaichi ha citado a menudo como una de sus figuras políticas de referencia.
Conservadora en lo social
La elección de Takaichi fue celebrada como un momento histórico al convertirse en la primera mujer en dirigir el gobierno japonés.
Sin embargo, su liderazgo también ha generado debate: su primer gabinete incluyó solo a dos mujeres entre 22 ministros, lo que provocó críticas de grupos que esperaban avances más ambiciosos en igualdad de género.
Además, la dirigente mantiene posiciones conservadoras en cuestiones sociales.
Se opone a una ley que permitiría a las mujeres casadas mantener su apellido de soltera, argumentando que rompe con las tradiciones familiares.
También se ha mostrado contraria al matrimonio entre personas del mismo sexo.
Durante su campaña electoral, sin embargo, trató de proyectar una agenda más amplia de políticas sociales: prometió hacer parcialmente deducibles de impuestos los gastos en cuidado infantil y ofrecer incentivos fiscales a empresas que proporcionen esos servicios.
Ha explicado que estas propuestas están influidas por experiencias personales cuidando a familiares.
"En tres ocasiones en mi vida he tenido que cuidar a otras personas", dijo una vez.
Por eso, aseguró, "tengo una mayor determinación de reducir el número de personas que se ven obligadas a dejar su trabajo para cuidar a familiares o criar a sus hijos".
Su consolidación política
Takaichi es considerada una protegida política del fallecido primer ministro Shinzo Abe.
Ha prometido continuar su enfoque económico conocido como "Abenomics", basado en un fuerte gasto público, políticas monetarias expansivas y estímulos a la economía.
Esto contrasta en parte con la figura de Margaret Thatcher, que defendía una reducción del papel del Estado en la economía.
En los primeros meses de su gobierno, Takaichi anunció un paquete de estímulo económico de aproximadamente 21,3 billones de yenes (unos US$134.000 millones) destinado a apoyar a hogares y empresas frente al aumento del coste de la vida.
El plan incluye inversiones en semiconductores, inteligencia artificial y tecnología estratégica, sectores que Japón considera esenciales para mantener su competitividad frente a China y Estados Unidos.
Pocos meses después de llegar al poder, Takaichi decidió reforzar su posición política convocando elecciones anticipadas en febrero de 2026.
Su arriesgada apuesta tuvo éxito: el PLD obtuvo una clara victoria electoral y una supermayoría en la Cámara Baja, lo que consolidó su control del parlamento.
Tras el triunfo electoral, Takaichi fue confirmada nuevamente como primera ministra y formó un segundo gabinete, manteniendo a varios aliados cercanos y reforzando ministerios vinculados a seguridad económica, tecnología y defensa.
La victoria electoral fortaleció su liderazgo dentro del partido y redujo la presión política que enfrentaba tras su llegada al poder.
De hecho, uno de los retos de Takaichi es revitalizar el PLD, que desde su fundación en 1955 ha dominado la política japonesa.
El partido ha perdido en los últimos años a una parte de su electorado, el más conservador, en favor de la formación de extrema derecha Sanseito.
Su visión internacional
Takaichi también ha destacado por dar un especial peso a la política exterior.
En octubre de 2025 se reunió con el presidente estadounidense Donald Trump en Japón, donde ambos acordaron ampliar la cooperación bilateral en sectores estratégicos como minerales críticos, energía y tecnología avanzada.
Ambos líderes volvieron a reunirse en marzo de 2026 en Washington, en medio de la crisis energética provocada por las tensiones en Oriente Medio y el impacto sobre el transporte de petróleo en el estrecho de Ormuz.
Ambos debatieron fórmulas para garantizar la seguridad de las rutas energéticas internacionales, ya que Japón mantiene una alta dependencia del crudo del Golfo.
Aquella cita también será recordada por una incómoda broma de Trump sobre el episodio histórico del ataque japonés a Pearl Harbor, que Takaichi recibió con un discreto gesto de perplejidad.
Takaichi también se ha acercado a otros aliados occidentales: en abril de 2026 recibió al presidente francés Emmanuel Macron, con quien acordó ampliar la colaboración en seguridad energética, tecnología y suministro de minerales estratégicos.
Al igual que el fallecido Shinzo Abe, la primera ministra Takaichi es considerada una líder de línea dura en política exterior.
Ha visitado en varias ocasiones el controvertido santuario de Yasukuni, que honra a los muertos de guerra japoneses, incluidos criminales de guerra condenados, lo que siempre provoca duras críticas de China y Corea del Sur.
Su gobierno ha propuesto aumentar el gasto en defensa hasta cerca del 2% del PIB, en línea con los compromisos de varios aliados occidentales, y reforzar la cooperación militar con Estados Unidos y otros socios del Indo-Pacífico.
Esto refleja, según expertos, la creciente preocupación de Tokio por el ascenso militar de China y las tensiones en torno a Taiwán.
Además, la decisión del gobierno de Takaichi de relajar las normas sobre exportación de armamento marca un punto de inflexión en la política de seguridad de Japón.
El nuevo marco elimina limitaciones que durante décadas restringían estas ventas a funciones no ofensivas y permite ahora suministrar armas letales a los 17 países con los que Tokio mantiene acuerdos de defensa, entre ellos Estados Unidos y Reino Unido.
Aunque se mantiene la prohibición de exportar a países en guerra, esta no se aplicará a socios estratégicos, y se contemplan excepciones en circunstancias especiales.
El Ejecutivo justifica el cambio por el deterioro del entorno de seguridad, argumentando que ningún país puede garantizar por sí solo su defensa e insiste en que no supone un abandono de los principios pacifistas consagrados tras la Segunda Guerra Mundial.
La medida coincide con una mayor implicación militar regional de Japón, que por primera vez participó activamente en ejercicios conjuntos con EE.UU. y Filipinas.
La reacción de China ha sido inmediata, expresando "seria preocupación" y acusando a Tokio de avanzar hacia una militarización imprudente.
Corea del Sur, por su parte, ha pedido que cualquier cambio respete el espíritu de la Constitución pacifista.
En todo caso, el giro de Japón refleja su reposicionamiento en materia de defensa, bajo el liderazgo de Takaichi, en un entorno regional cada vez más complejo.
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