Qué es el "efecto bola de nieve" de la deuda y qué papel tiene en la crítica situación económica que alimenta las protestas en Francia

Fuente de la imagen, Thibaud Moritz / Getty
Un incendio social recorre las calles de Francia.
Lo que comenzó como una protesta estudiantil contra el deterioro de las condiciones en las escuelas públicas derivó en una más heterogénea que grita contra el coste de la vida, la falta de oportunidades para los jóvenes o la cuantía de las pensiones.
El gobierno del presidente Emmanuel Macron se vio desbordado y en algunas de las principales ciudades del país se han impuesto toques de queda para acabar con los saqueos y el vandalismo que se habían adueñado de ellas desde el pasado fin de semana.
Pero un incendio todavía más destructivo podría estar prendiéndose en los mercados financieros, donde se viene detectando en las últimas semanas una creciente desconfianza hacia los bonos franceses.
Francia, como muchos otros países, emite estos y otros títulos de deuda para financiar sus gastos del presente a cambio de ofrecer a los inversores que los compran una rentabilidad en el futuro.
Pero desde comienzos de septiembre de 2026, la prima de riesgo de Francia (el sobrecoste que debe pagar a los inversores para financiarse en los mercados de deuda en comparación con Alemania, considerado el país más solvente de la zona euro) ha aumentado sustancialmente, lo que refleja las crecientes dudas sobre la sostenibilidad de la deuda gala.
En otras palabras, los mercados empiezan a dudar de que la República francesa pueda hacer frente al pago del principal y los intereses de su deuda y termine cayendo en un "default" o suspensión de pagos, como le sucedió, por ejemplo, a Argentina en 2001.
Por ahora, sin embargo, el Estado francés sigue consiguiendo financiarse.
El ministro de Finanzas, Roland Lescure, aseguró a la BBC a comienzos de este mes que la demanda de bonos se mantiene y que el gobierno emite deuda cada dos semanas sin mayores problemas, y el gobernador del Banco de Francia, Emmanuel Moulin, dijo hace dos semanas que el país no necesita por el momento la ayuda del Banco Central Europeo (BCE).
Con todo, el Ministerio de Economía y Finanzas admitió que ha reducido la venta de bonos a más de 30 años por la menor demanda de los inversores.
"De repente, los mercados financieros están tratando a Francia como el nuevo enfermo económico del mundo occidental", escribió en un artículo reciente el premio Nobel de Economía Paul Krugman.
El gobierno de Macron es consciente de que debe atajar el problema y lleva tiempo intentando aprobar medidas presupuestarias para reducir el déficit público (la diferencia entre los gastos e ingresos del Estado) y sanear las cuentas, pero se ha topado con el rechazo de un Parlamento en el que está en minoría y de los manifestantes que exigen mejores servicios públicos y rechazan los recortes al "estado del bienestar" francés.
Y mientras se esfuerza en restablecer el orden en las calles y recuperar la confianza de los mercados, Macron se encuentra con otra amenaza: el "efecto bola de nieve" en el coste de la deuda, que puede reducir aún más su margen de maniobra.

Fuente de la imagen, Joel Saget / Getty
Qué es el "efecto bola de nieve" de la deuda
Con las imágenes de edificios históricos en llamas abriendo los informativos en todo el mundo, el ministro Lescure dijo el lunes en la Asamblea Nacional que Francia no está atrapada en "una bola de nieve" de deuda.
Es un concepto usado en macroeconomía.
La deuda de un país se mide en proporción al tamaño de su economía (el PIB), y esa proporción sube cada año por los intereses que hay que pagar por la deuda acumulada y baja por el crecimiento de la economía, contando también la inflación (el llamado crecimiento nominal).
Si el tipo de interés medio que paga el Estado por el conjunto de su deuda supera el crecimiento nominal, hay efecto de bola de nieve positivo y la deuda crece sola.
Aumenta como porcentaje del PIB aunque el gobierno no gaste más de lo que ingresa.
Si ocurre lo contrario, el efecto es "negativo" y la deuda se reduce sola.
El efecto es mayor cuanto más alta es la deuda de partida, lo que hace a Francia, con una deuda en torno al 119% del PIB, especialmente sensible.
Según le explicó a BBC Mundo Jagjit S. Chadha, profesor de Economía de la Universidad de Cambridge, "cuando tienes un alto nivel de deuda, tienes que pagar una gran cantidad de intereses en esa deuda".
"El peligro es que si llegas al punto de la bola de nieve por el aumento del riesgo que perciben los inversores, los tipos de interés subirán, y si lo hacen, la deuda se llevará aún más recursos del Estado".
"Si se percibe que el Estado no podrá pagar su deuda o que habrá problemas en el futuro, los tipos de interés subirán aún más y un porcentaje cada vez mayor de lo que el Estado ingresa con los impuestos se irá a pagar la deuda en lugar de a los servicios públicos".

Fuente de la imagen, Benoit Tessier / Getty
¿Sufre ya Francia el "efecto boal de nieve" en su deuda? Por muy poco y desde hace poco.
Entre 2017 y 2025, con tipos de interés muy bajos, el efecto fue negativo (favorable) y el país pudo reducir la deuda un promedio 1,74 puntos del PIB al año, según datos del Tesoro recogidos en un informe presentado en julio en la comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.
Pero el tipo de interés medio que paga Francia por su deuda ha pasado del 1,8% en 2023 al 2,3% previsto para 2026, con un crecimiento estancado en un 0,5%, según la última previsión del Gobierno.
El Gobierno prevé que el efecto sea positivo en 2026, con lo que sería la primera vez desde 2020 en que la deuda estaría creciendo por sí sola, aunque lo haría de manera aún marginal.
Lescure admitió ante la comisión parlamentaria que el peso de los intereses vuelve a empujar la deuda al alza, pero negó que exista un efecto bola de nieve duradero que haga crecer la deuda de forma inexorable.
El riesgo es que la situación se consolide. El Tribunal de Cuentas francés y la Comisión Europea estiman que el tipo medio superará al crecimiento de forma duradera hacia el final de la década. Si sucede, Francia necesitaría no solo reducir su alarmante déficit sino alcanzar un superávit primario (más ingresos que gastos sin contar los intereses) del que ahora está muy lejos.
Francia parece avanzar inquietantemente hacia ese escenario. Lescure aseguró la semana pasada que la carga de la deuda llegaría en 2027 a aproximadamente 91.000 millones de euros anuales (unos US$102.000 millones), lo que supera el presupuesto anual para educación y defensa.
¿Por qué Francia?
Francia no es la única economía avanzada que ha visto crecer su deuda en los últimos años.
Al comenzar la presente década, gobiernos en todo el mundo se endeudaron masivamente para sostener la economía en medio de la pandemia de covid.
En el caso de los países europeos, ese endeudamiento adicional se sumó al provocado por la crisis de la deuda soberana en la Eurozona iniciada en 2009, cuando fueron necesarias gigantescas inyecciones de capital para rescatar a Grecia, Irlanda, Portugal y Chipre, y sostener a la banca española.
El auge de los gigantes de la inteligencia artificial, que emiten deuda y compiten con los Estados en la atracción de capital, el aumento de los precios de la energía derivados de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y el compromiso de los países de la OTAN de aumentar su gasto en defensa han añadido aún más tensiones a las arcas públicas.

Fuente de la imagen, Manon Hevet / Hans Lucas / Getty
Pero los expertos señalan que en Francia se dan algunos agravantes.
El país acumula una deuda pública que ya supera el 119% de su PIB y con un déficit anual del 5,1% resulta muy difícil rebajarla.
Según Chadha, "el nivel de deuda de Francia es alto para los estándares en tiempos de paz, cuando esperamos niveles más bajos, para que el gobierno pueda pedir prestado si surge un problema".
Con una población cada vez más envejecida, Francia tiene que gastar cada vez más en pagar las pensiones, un asunto políticamente muy sensible en el país.
Según Krugman, "Francia destaca incluso entre los países con problemas fiscales por su persistente incapacidad de enfocar de manera realista la jubilación".
La edad oficial de jubilación en Francia —a la que se puede dejar de trabajar recibiendo la pensión completa— era de solo 62 años antes de la reforma de 2023.
Macron logró ese año aprobar un aumento gradual hasta los 64, en medio de una fuerte oposición en el Parlamento y en las calles, pero el gobierno tuvo que suspender la entrada en vigor de la medida para asegurarse el apoyo parlamentario del Partido Socialista y Macron se dejó jirones de popularidad en el intento.
Así, la edad de jubilación sigue estando por debajo de la de la mayoría de economías avanzadas. En Dinamarca y Estados Unidos, por ejemplo, es de 67.
Como indica Krugman, muchos trabajadores optan por retirarse incluso antes a cambio de aceptar una pensión menor, por lo que la edad real de jubilación en Francia es inferior a la de cualquier otro país de la Europa occidental.
Chadha ve "un problema generacional" de difícil manejo para la sociedad y los políticos franceses.
"Muchos de los que se manifiestan estos días en las calles son jóvenes a los que se les ha negado una educación adecuada y son los que están financiando las pensiones de sus mayores", afirma.
"El coste del sistema de pensiones sigue siendo el tabú que nadie quiere tocar".
"Orden en la casa"
Según le dijo a la BBC Maryam, una estudiante de 18 años que participó en las protestas en Marsella, "la pregunta de si la violencia es legítima es muy complicada, pero Francia, nuestra historia, está realmente basada en la revolución y a veces tenemos que causar un impacto realmente grande".
Sus palabras reflejan una idea muy extendida en Francia.
Cuna de la Revolución de 1789 y del movimiento político e intelectual de mayo de 1968, existe allí una arraigada cultura de la protesta como forma de defensa de los derechos sociales.
Como Maryam, muchos franceses creen que su gobierno no los trata de manera justa ni ofrece los servicios a los que tienen derecho.
Ese gobierno siente la presión de su voz en las calles y a la vez la que refleja el aumento de la prima de riesgo en los mercados.
En ese contexto, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, lanzó un mensaje a los franceses en una entrevista con la cadena CNBC: "Pongan su casa en orden".
Georgieva subrayó la necesidad de llevar a cabo ajustes fiscales en Francia y reducir su déficit público por debajo del 5%, y reconoció el limitado margen de maniobra de un gobierno en minoría parlamentaria, acosado por las protestas y en los últimos meses de su mandato.
Sin embargo, destacó también que la economía francesa crece y que Europa cuenta ahora con mecanismos más sólidos que en el pasado, entre ellos los del Banco Central Europeo, para proteger la estabilidad financiera.
El 5% es el umbral al que suele apuntar el gobierno, que intenta estos días que el Parlamento apruebe un presupuesto que parece condenado al fracaso por el rechazo del resto de grupos políticos.
Economistas como Jagjit S. Chadha ven necesarios ajustes más agresivos.
"No es suficiente. Para ser convincente, cualquier objetivo de déficit debería situarse por debajo del 4%", sostiene.
Pero el panorama político dificulta los cambios.
Macron enfila los últimos meses de su segundo y último mandato presidencial.
Los franceses están llamados a las urnas el próximo abril para elegir a su nuevo presidente y los líderes políticos evitan incluir entre sus promesas reformas potencialmente impopulares como la del sistema de pensiones.
La ultraderechista y euroescéptica Marine Le Pen, que lidera las encuestas, ha prometido un plan de disciplina fiscal a cinco años que reduciría en 140.000 millones de euros (unos US$157.300 millones) el gasto público recortando el tamaño del Estado y la contribución francesa al presupuesto de la Unión Europea, pero su propuesta ha sido criticada por poco ambiciosa y vaga.

Fuente de la imagen, Geoffroy van der Hasselt / Getty
En el otro extremo, el candidato de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon, ha llegado a plantear la condonación de la parte de la deuda francesa en poder del Banco Central Europeo, lo que, según muchos economistas, crearía un precedente histórico y afectaría al crédito de la deuda de todos los países que usan el euro.
La idea ha sido rechazada de plano tanto por la presidenta del banco, la francesa Christine Lagarde, como por el gobierno, que la tachó de "disparate absoluto".
Cómo pueden terminar los problemas de Francia
En su última intervención ante el Parlamento, el ministro Lescure dijo que el interés del bono se había elevado hasta el 4,5% pero esperaba que se estabilizara en torno al 2,5% en 2027.
Krugman cree que el riesgo de que Francia caiga en suspensión de pagos en los próximos tres años es "muy bajo".
Y, sin embargo, afirma que "la situación actual de Francia es muy preocupante" porque sigue "una senda fiscal insostenible".
Según el Nobel, eso "crea la posibilidad de una crisis de deuda explosiva" entre los países del euro, potencialmente más grave que la que se desató en 2009.
A diferencia de entonces, Europa dispone hoy de mecanismos de contención. El expresidente del BCE Jean-Claude Trichet recordó que existen herramientas como el Mecanismo Europeo de Estabilidad, aunque advirtió que los países deben mostrar antes de recurrir a ellos un esfuerzo creíble por reducir su déficit.
Otros países del euro podrían verse afectados si la desconfianza de los mercados se extiende: Grecia, Italia, Bélgica y España tienen todos una deuda superior o cercana al 100%, un nivel alto que los hace vulnerables.
Una nueva crisis de deuda soberana podría resultar corrosiva para la unidad europea.
¿Cómo reaccionarían los países que tuvieron que asumir dolorosos recortes para obtener el auxilio de sus socios europeos en la crisis anterior si a Francia no se le exigieran los mismos sacrificios?
Otro factor es el tamaño de la economía francesa, la segunda más grande de la zona euro, solo por detrás de Alemania.
"Si Francia necesitara ser rescatada, sería extremadamente caro", explicó Krugman.
"Francia podría haber cruzado la línea del 'demasiado grande para caer' al 'demasiado grande para ser rescatada'".
Chadha cree que los franceses, como los ciudadanos de otras economías avanzadas, están sufriendo las consecuencias de "políticos con la mirada fija en el corto plazo que tienden a preocuparse más por su popularidad que por implantar las reformas apropiadas".
"Me temo que o empezamos a reformar pronto o podemos acabar en la madre de todas las crisis en la zona euro", advierte.
Según las autoridades francesas creen que aún tiene margen para evitar ese escenario. Moulin sostiene que puede volver a un déficit del 3% en 2029, el objetivo del gobierno, siempre que el Parlamento apruebe un presupuesto que respete la meta del 5% para 2027, aunque admite que el mayor coste de la deuda complica el esfuerzo.
Los próximos meses serán clave.
Si el Parlamento aprueba el presupuesto de 2027 y los candidatos que compiten en las presidenciales de abril presentan planes creíbles para ordenar las cuentas públicas, la "bola de nieve" seguirá siendo un efecto marginal.
Si no, tal vez empiece a crecer mientras rueda peligrosamente ladera abajo.
*Con información adicional de Nick Beake.
- Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.
- También puedes seguirnos en YouTube, Instagram, TikTok, Facebook, X y en nuestro canal de WhatsApp.
- Y no olvides suscribirte aquí a nuestro newsletter para recibir cada viernes una selección especial de nuestro mejor contenido.



























