"Apareció un mundo de ensueño": la historia del químico suizo que experimentó el primer viaje con LSD montado en una bicicleta

    • Autor, Greg McKevitt
    • Título del autor, BBC Culture *
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 7 min

"Al final de la síntesis, experimenté una situación psíquica muy extraña. Apareció una especie de mundo de ensueño, una sensación de unidad con el mundo".

El doctor Albert Hofmann, químico suizo, trabajaba en un experimento rutinario en una empresa farmacéutica de Basilea cuando hizo un descubrimiento fortuito que le cambiaría la vida.

Su primera experiencia con lo que se conocería como LSD fue suave e intrigante.

Su decisión de tomar la droga psicodélica tres días después le provocó visiones aterradoras y uno de los viajes en bicicleta más insólitos de la historia.

Advertencia: Este artículo contiene descripciones gráficas del consumo de drogas.

La historia comenzó el viernes 16 de abril de 1943, cuando Hofmann preparaba una nueva tanda de dietilamida del ácido lisérgico, un compuesto que había sintetizado por primera vez cinco años antes.

A sus 37 años, estudiaba plantas medicinales experimentando con el cornezuelo del centeno, un hongo que crece en el maíz, para comprobar si un fármaco derivado de él podría ayudar a las matronas a prevenir las hemorragias posparto.

Debido a su nombre en alemán, Lysergsäurediethylamid, el compuesto es ahora más conocido como LSD.

En una entrevista concedida a la BBC en 1986, Hofmann afirmó que su inesperada primera experiencia con la droga le recordaba momentos "místicos" de su infancia en bosques y arboledas.

La sensación de "ver la verdadera esencia de la naturaleza, su belleza" lo llenó de felicidad.

Hofmann se preguntó si este estado placentero y onírico estaba relacionado de alguna manera con los cristales de LSD que había estado purificando.

Si bien no había ingerido el compuesto deliberadamente, era posible que se le hubiera quedado algo en los dedos.

Esto implicaría que la sustancia era muy potente. Decidió comprobarlo experimentando consigo mismo al regresar al trabajo el lunes.

Cauteloso por naturaleza, comenzó con lo que creía que era la dosis mínima que pudiera tener algún efecto. "Empecé con 0,25 miligramos", recordó, con la intención de aumentar la cantidad solo si no ocurría nada.

"Pero esa dosis tan pequeña, la primera de mis experimentos, resultó ser muy, muy fuerte", afirmó.

Sillas vivas y una bruja

Tras tomar la droga, Hofmann empezó a sentirse mal y regresó a casa tambaleándose en bicicleta por las calles de Basilea.

A medida que avanzaba el trayecto, las cosas se pusieron raras.

Su visión se distorsionó como si se mirara en un espejo de feria.

Cuando llegó a casa, su sentido de la realidad se había desvanecido.

Al entrar en su sala de estar, se sorprendió de lo mucho que había cambiado.

"La habitación y los objetos que contenía tenían una forma, un color y un significado completamente distintos", recordó en conversación con la BBC.

Hasta una silla común parecía un "objeto vivo", como si se moviera desde dentro. "Era tan extraño que llegué a temer haberme vuelto loco", añadió.

Las extrañas alucinaciones continuaron durante toda la noche.

Una amable vecina que le trajo leche como antídoto parecía haberse transformado en una bruja.

En ocasiones, Hofmann sentía como si estuviera muerto y hubiera llegado al infierno.

El químico solo volvió a la normalidad unas seis horas después de haber tomado la droga.

Sin dejarse amedrentar por esta experiencia alarmante, consumió LSD varias veces más durante las décadas siguientes para observar sus efectos.

Su viaje de regreso a casa desde el laboratorio se conmemora cada 19 de abril por personas inspiradas por el LSD, ya sea científica o creativamente.

En 1985, el profesor de Illinois Thomas B. Roberts acuñó el nombre de "Día de la Bicicleta" para conmemorar el aniversario.

Hofmann informó de su descubrimiento a su jefe en la farmacéutica Sandoz.

Basándose en el efecto que el LSD tuvo en él, calculó que una cucharadita bastaría para afectar a 50 000 personas.

Afirmó que él y sus colegas "se dieron cuenta inmediatamente de que se trataba de un agente muy importante que podría ser útil en psiquiatría e investigación".

Sandoz comenzó a distribuir LSD a hospitales psiquiátricos como un fármaco experimental llamado Delysid.

Algunos psiquiatras lo utilizaron con pacientes por sus efectos en el subconsciente, permitiéndoles liberar recuerdos reprimidos y conflictos mentales.

El LSD se extiende por todo el mundo

Los efectos de esta nueva y potente droga llamaron la atención del ejército estadounidense, que inició un programa de investigación ultrasecreto conocido con el nombre en clave MK-Ultra.

Uno de los civiles expuestos al LSD durante esta investigación fue Ken Kesey, quien más tarde escribiría "Alguien voló sobre el nido del cuco" o "Atrapado sin salida".

"Decidí que este asunto era demasiado importante como para dejarlo en manos del gobierno", le dijo el escritor a la BBC.

Impresionado por el poder alucinógeno de la droga, aún legal, Kesey comenzó a distribuirla entre sus amigos y, en 1964, reunió a un grupo de personas afines, apodadas los Merry Pranksters, y emprendió un viaje por Estados Unidos en un autobús de colores llamativos.

El LSD se filtraba de los laboratorios de todo el país e impulsaba la contracultura.

Para entonces, era bien sabido que los usuarios corrían el riesgo de experimentar los llamados malos viajes, aterradoras espirales de pánico y miedo que pueden causar daños psicológicos a largo plazo.

Aun así, muchas personas que consumieron LSD defendían con fervor su potencial para cambiar el mundo para mejor.

Uno de sus promotores más entusiastas fue el antiguo psicólogo de Harvard Timothy Leary, cuyo eslogan "conéctate, sintoniza, desconéctate" se convirtió en un lema emblemático de la era psicodélica.

En 1963, Leary le escribió a la farmacéutica suiza para solicitar 100 gramos de LSD, dosis suficientes para dos millones de personas.

La carta iba dirigida a Hofmann. Ya alarmado por el uso indebido de su descubrimiento, Hofmann desaconsejó a Sandoz suministrarle la sustancia a Leary.

"Enseguida me di cuenta de que sería peligroso, porque una sustancia con un efecto tan profundo debe usarse con precaución", le explicó a la BBC.

Hofmann señaló que las culturas antiguas y las comunidades indígenas habían utilizado alucinógenos durante siglos, pero solo en contextos religiosos y siempre "en manos del chamán, no en público".

En la sociedad moderna, añadió, el equivalente más cercano a un chamán es un psiquiatra, y tales drogas "deberían permanecer en manos del chamán".

Por eso, desde el principio le preocupó que "pudieran ocurrir cosas malas" por un uso imprudente e incontrolado del LSD, un temor que, según él, se confirmó posteriormente.

Sin chamán

En 1969, se estimaba que más de un millón de estadounidenses habían probado el LSD sin supervisión médica.

Muchos encontraron abrumadores los efectos más oscuros de la droga, pero Hofmann afirmó que nunca se sintió culpable porque "el LSD no es malo".

Según él, usado correctamente, el LSD no era una sustancia dañina. Solo se volvía "muy, muy peligrosa" cuando se tomaba sin precaución y sin tener en cuenta su "profunda influencia en la sociedad e incluso en la conciencia".

Pero ante el consumo indiscriminado por parte de muchas personas y el creciente número de noticias sobre los efectos nocivos de la droga, la regulación legal pronto se hizo inevitable.

El LSD fue sometido a un estricto control internacional por la Convención de las Naciones Unidas sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971 y sería prohibido en muchos países.

Actualmente, el LSD es ilegal en casi todos los países del mundo, y donde se permite su uso en la investigación médica, permanece bajo estricto control.

Su potente efecto en la mente y el riesgo de sufrir episodios recurrentes de psicosis a largo plazo han hecho que se clasifique junto con sustancias como la cocaína y la heroína por su alto potencial de abuso.

Hofmann falleció en 2008 a los 102 años.

En declaraciones a la BBC, afirmó que la principal conclusión que obtuvo de su experiencia con LSD fue que "la realidad no es algo fijo, sino ambiguo".

"Antes, siempre había creído que solo existía una realidad, una realidad verdadera, y entonces me di cuenta de que existen otras dimensiones", añadió.

Si bien el título de su autobiografía, "LSD: Mi hijo problemático", reflejaba su actitud ambivalente hacia la droga, conservaba su fe en su potencial terapéutico.

"Creo que si la gente aprendiera a usar la capacidad del LSD para inducir visiones con mayor sabiduría, en condiciones adecuadas, en la práctica médica y junto con la meditación, entonces en el futuro este hijo problemático podría convertirse en un hijo prodigioso", escribió.

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